La vuelta a la escuela, ¿Qué pasa si no quiere ir?

fobia escolar

¿Qué pasa si llora?,¿ Y si no quiere ir, si se angustia mucho, que le ocurre a mi hijo?

La fobia escolar se define como la incapacidad parcial o total de acudir al colegio por parte del niño como consecuencia de un miedo irracional a algún aspecto de la situación escolar. Los síntomas suelen ser: ansiedad anticipatoria intensa, llanto, angustia que disminuye o desaparece si el niño no va al colegio, síntomas somáticos como cefaleas o manifestaciones gastrointestinales. Normalmente se suele diagnosticar fobia escolar en niños y niñas más mayores y cuando son muy pequeños se habla de ansiedad de separación.

La ansiedad de separación se caracteriza por un elevado nivel de angustia cuando el niño o la niña se encuentra lejos de sus figura de apego o de su hogar, pero no únicamente cuando acude al colegio. La sintomatología es muy similar a la de la fobia escolar. La escolarización aporta beneficios al niño no únicamente en materia de aprendizaje, sino también de socialización, de aprendizaje afectivo, maduración emocional, sin embargo la angustia que le supone al niño cada mañana es un síntoma que sería preciso valorar, ya que puede que haya algo del proceso del apego que necesite ser evaluado. Tal vez en estos casos sea necesario contactar con un profesional que pueda orientar más específicamente. Facilitar al niñ@ objetos de apego como un juguete o su mantita, y sobre todo cuidar el proceso de entrega y recogida en el colegio, son detalles que hay que cuidar mucho en niños pequeños.

Muchas veces las mamás o los profesionales asumen que esta dificultad está relacionada con que  l@s niñ@s  tienen altas capacidades, y se aburren, algunas características asociadas a las altas capacidades pueden ser: elevada motivación por aprender, creatividad, madurez mental, hipersensibilidad, disincronía mental y corporal, hiperactividad, perfeccionismo. Sobre la conveniencia de cambiar de curso a l@s niñ@s que presentan más capacidad no hay un verdadero consenso científico ya que mientras algunos profesionales lo defienden, algunas otras personas que estudian el tema, apuestan más bien por la atención diferenciada dentro del aula sin separarle de sus compañeros. En el caso de niños a los que emocionalmente les resulta difícil separarse de la familia y acudir al colegio, separarle de los niños de su edad y de su entorno conocido puede hacerle aún más complicada la adaptación.

Tomado de Fundación Eduardo Punset

La primera sonrisa de tu bebé

mama sonrisa

Cuando los bebés nacen las interacciones con los padres son pocas. Muchos apenas son capaces siquiera de mirarte mucho, y todo se reduce a estar tranquilo si todo está bien o a llorar si sienten que necesitan algo. Es así hasta que un buen día el bebé nos empieza a sonreír cuando estamos delante, iniciando una relación con nosotros que debemos corresponder: ¿cuándo llega esa primera sonrisa y por qué es importante responder de algún modo a ese gesto?

Los bebés ya sonríen en el útero

Si hablamos del primer gesto de sonrisa tenemos que ir a algún momento de la gestación en que el feto es ya capaz de hacer esa mueca, de modo que cuando nacen son también capaces de hacerla. Todos hemos visto en alguna ocasión a un recién nacido sonreír mientras duerme, como si estuviera soñando con algo gracioso.

Sin embargo, no se sabe muy bien por qué lo hacen, porque un bebé que acaba de nacer no ha tenido ninguna experiencia que le pueda hacer reír (ni el raciocinio necesario para que un recuerdo le haga gracia); así que se considera que podría ser porque el bebé está a gusto, quizás excitado por alguna sensación interna, o incluso podría ser que se tratara simplemente de un reflejo nervioso.

La que importa es su primera sonrisa social

Así que la que nos interesa en realidad no es esa sonrisa que hace el bebé de pocos días mientras duerme, sino aquella que hace un bebé cuando está despierto más o menos cuando cumple el mes de vida, porque está contento de ver a un adulto, o está intentando ser simpático.

Que él no lo piensa así, él no se dice “voy a ver si le caigo bien a esta gente”; es sólo que como ser social que es, reacciona tal y como establece la evolución que debe hacer. De igual modo que cuando nota que está solo tiene la capacidad de llorar, cuando nota que está acompañado, tiene la capacidad de sonreír.

Es como si nos estuviera educando mediante sus respuestas. “Papá, mamá, si conseguís tenerme feliz, contento y satisfecho, os sonreiré. Si no lo conseguís, lloraré”. Y así los padres sabemos cuándo vamos bien y cuándo podríamos mejorar.

Tomado del Blog “Bebés y más”

Seis pautas para crear un apego seguro

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El apego es el primer vínculo afectivo que establece el bebé con las figuras más cercanas y le proporciona la seguridad emocional que necesita.

La teoría del apego, formulada por John Bowlby, explica como el bebé necesita de atención y cuidados para sobrevivir. El vínculo de apego se crea con aquellas personas que atienden sus necesidades y le proporcionan los cuidados que necesitan. Los bebés perciben la sensibilidad a sus necesidades y comienzan a crear los primeros vínculos afectivos. Poco a poco y a medida que va creciendo el pequeño comienza a elaborar un sistema de apego, que consiste en un patrón de conductas de apego destinadas a mantener la atención y cariño de su figura de apego. Los estilos de apego creados en esta primera etapa de la vida, tienen una importancia crucial puesto que el patrón de conductas aprendido se tendera a repetir en el futuro.

El estilo de apego se forma en este periodo, como fruto de la relación afectiva con sus figuras más cercanas y marcará los futuros lazos afectivos del niño/a.

Estilos de apego

Los estilos de apego van a depender de la relación con la figura/s más cercanas, los agrupamos en dos grandes grupos generales.

  • Estilo seguro y sano: El tipo de apego seguro y sano se produce cuando el niño/a, percibe seguridad en sus figuras cercanas. Es decir, el cuidador atiende sus necesidades, es sensible a éstas, le da cariño, protección y cuidados. Los niños y niñas con este tipo de apego, mostraran algo de ansiedad cuando se aleja la figura de apego y alegría cuando están con ella. Pero crecerán con seguridad afectiva y emocional, al comprobar que sus figuras de apego les proporcionan afectos y cuidados seguros.
  • Estilo ansioso e inseguro: Este tipo de apego se produce cuando los niños y niñas no perciben la seguridad de atención y cuidados. El cuidador está disponible en ciertas ocasiones y no se muestra siempre sensible a sus necesidades. Esto hace que el niño/a experimente más ansiedad por la separación y que se perciba solo y desvalido en ciertos momentos para explora el mundo. Crecerán mostrando inseguridad afectiva, necesitando la cercanía de sus personas queridas para tener la seguridad de sus afectos.
  • Apego inseguro evitativo. Se produce cuando los cuidadores evitan el contacto afectivo con el pequeño y evitan atender a sus cuidados. Crecerán siendo excesivamente independientes, ya que han percibido insensibilidad a sus necesidades.

 

La crianza con apego, crear un apego seguro

Es fundamental prestar atención a este primer vínculo afectivo que desarrolla el niño/a y proporcionarle una relación segura, en la que el pequeño confié en los cuidados y atenciones de sus cuidadores. Un apego no seguro, dará lugar a dependencia emocional u otros problemas.

  1. Sintonía Emocional. Es fundamental que entre el adulto y el niño/a, exista una conexión o sintonía emocional. Esto nos permitirá ser sensibles a sus necesidades. Para que esto ocurra la clave es pasar tiempo con el pequeño.
  2. Atiende afectivamente al niño/a. Te ayudará a contactar con él de forma emocional. Se trata de no atender solo las necesidades físicas, como alimentación, sueño, abrigo, etc.  y atender las necesidades afectivas y emocionales. Para ello, hazle saber que sabes lo que siente, consuela al niño/a cuando llore, ríe con él/ella cuando esté contento, etc.
  3. Desarrolla tu habilidad de empatía con el pequeño. Tenemos que hacer el esfuerzo por entender sus reacciones y comprender lo que está tratando de expresar, cuando están enfadados, lloran, tienen rabietas, etc. No tenemos que dejarles pasar estas conductas, pero si comprender que es lo que les ha llevado a ponerlas en marcha y hablar con ellos para que perciban que les comprendemos.
  4. Aprende a calmarte y regular tus emociones. Es importante que le transmitas un estado emocional sereno y agradable al pequeño.
  5. Interactúa con el niño/a, desde un primer momento. Aunque sea un bebé mírale, háblale, sonríe, emplea caricias, etc. Que noten tu cariño y tu amor.
  6. Juega con ellos. Son momentos de alegría que contribuyen a estrechar el vínculo afectivo porque compartimos emociones positivas.